Tamar Ezsa

Nada más verte supe que me iba a quedar, un calorcito me recorrió el pecho solo con la primera sonrisa.  Una mirada y una lucecita se encendió donde ya no se encendía nada.

Mirarte impone, hasta que esa risa que ocupa toda la estancia aparece por alguna de mis bromas. Todo sale solo contigo, hasta el punto de que me preguntas si son frases de mi repertorio. Tu mente es ágil, más que la mía, a veces me sorprende como contestas con esa velocidad, esa altanería, con esa sonrisita y ojos de mala. 

Tu comodidad era mi prioridad, mi comodidad la hiciste tuya. El tiempo vuela y mientras las palabras derrapan.  Cuando te miro y tu sonrisa estalla mi alma se desgrana.  Esa boca, esos labios, esos ojos, todo es pura potencia, garbo, fuerza, dan ganas de cogerlo todo y no soltarlo nunca, en una risa eterna y una mirada oscura. 

Un acercamiento, solo uno, un pequeño momento donde ponerme nervioso, un diminuto instante donde olerte, sentirte, rozarte, sangre caliente y un corazón desbocado, o quizás dos.   Y un beso, un sorpresivo beso, piel con piel, fuego con fuego, esperanza con desasosiego. Unos labios inesperados, un temblor que nunca entenderás como me ha gustado, y un deseo que no se como he frenado. 

Yo soy de silvestre, tu de kortajarena, pero cuando te beso, ambos somos de pura y simple arena.

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